sábado, 2 de octubre de 2010

El pensamiento del mes...

Cuando me canso de escuchar tu voz, escupo ideas. Me desespera no poder odiarte. La solución a mí nostalgia es tu nostalgia y eso, simplemente, ¡me caga!
Estás lejos y siento que mereces eso y más; estás cercano o, peor aún, a mí lado y pienso que te quiero mucho; que te quiero proteger; que no quiero que nadie te lastime, mucho menos yo...
Quise controlar mis pensamientos con sentimientos, y mis sentimientos con sensaciones, pero no, no lo conseguí.
¡A quién le importa! Déjalo ya, no sufras -le dice la yo pasional y espontánea a la yo que medita, que sopesa y que ama.
¡Lo quiero mucho! no es su culpa -le contesta ésta última.
El problema es que estas dos no se ponen de acuerdo y yo, yo estoy hecha un lío como para decidir.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La manecilla se detuvo en el 12


Tal vez debí quedarme callada. Quizá debí esforzarme por no gritar la frase que se escapaba por mi boca. Pero hablé.
Miré el reloj impacientemente y, cuando la manecilla me indicó que el día siguiente había comenzado, hablé.
"Me tienes harta" fue la frase que brincó mis dientes, escapó de mis labios y se estrelló en las paredes de la habitación.
Y, entonces, todo se terminó... Adiós, para siempre, adiós.

jueves, 29 de julio de 2010

Ojalá que el lunes nunca llegue...*


Creo que tenemos un problema con los lunes. Aunque, pensándolo mejor, tal vez el problema no sea con los lunes, sino con los comienzos.
La semana empieza el domingo, pero eso parece no importarle a nadie: el lunes es el primer día de la semana que trabajamos o que vamos a la escuela, entonces ese es el primer día de la semana.
Tenemos un problema con los comienzos. Lo tengo yo y lo tienes tú, lo tiene la sociedad en general (porque excepciones seguramente sí hay).
Una vez oí que los gordos que siempre serán gordos, empiezan sus dietas y su rutina de ejercicio los lunes y seguramente el miércoles ya han perdido el entusiasmo... jeje.
En fin, siempre intentamos postergar los comienzos... pongamos por ejemplo al que quiere hacer dieta: es miércoles o jueves y piensa "ya no tiene caso que empiece la dieta a media semana, mejor el lunes" y así, se la pasa todo el fin de semana aprovechando sus últimos días de gula. ¿porqué el lunes? ¿porqué no el mismo día que se le ocurre?
Eso debe ser un truco más del sistema, ¿no? jajajaja
Y para no romper la tradición, y no defraudar al sistema que cree en mí, intentaré postergar mi entrada a clases (el próximo lunes), y digo "intentaré" por decir "maldeciré todo el fin de semana, esperando que el lunes nunca llegue"... aunque todos sepamos que es inevitable, ¿o no?

*Sí, éste es un post sin mucho sentido, es más, ni siquiera tiene forma, así: una introducción, un clímax y un final (intento hacer eso en mis posts, aunque no lo crean)... pero ya tenía mucho que no publicaba nada nuevo y no quería que nadie pensara que había muerto o algo así... además es mi blog y puedo hacer lo que quiera con él.

sábado, 24 de julio de 2010

Soñé

Soñé que volaba... salía de aquí y me iba tan lejos que ya nadie ni nada me alcanzaba.
Soñé que era tan libre que me confundía con el viento que mueve las hojas.
Soñé que ya nada me ataba a este mundo... lo que me hacía invencible.
Mi cuerpo se posaba donde mi mente deseaba.
Pude ver la inmensidad del oceano durante la noche,
observé el momento en que el cielo y el mar
se mimetizan en un negro tan intenso que provoca miedo y respeto...
...profundo respeto.
...pude oler la sal y oir el retumbe de las olas...
...pude hundirme en el fondo del oceano y ser una con el agua...
Me dejé llevar por la marea,
me dispersé entre kilómetros y kilómetros de mar abierto...
...hasta que desaparecí por completo.
Ahí terminó mi sueño.
Y desperté con unas ganas tremendas de perderme y volar...
...volar como el viento...

domingo, 6 de junio de 2010

Así será

Anoche lloré mucho. Probablemente, lloré lo que no he llorado en estos días que han estado llenos de tantas cosas y a la vez tan vacíos. Escribí un mensaje de 12 páginas que, por supuesto, no envié. El mensaje sigue en mis borradores y, cuando vuelva a sentir un poco más de valor, lo enviaré. Después, seguramente, me arrepentiré, pero me daré cuenta de que era necesario enviarlo y pensaré que ya nada puede hacerse.